Aquí aprendí a pedir perdón y a escuchar

Entré en Lázaro buscando un compromiso que transformara mi día a día sin tener que dejarlo todo durante un año. Lo que más me gustó desde el principio fue el carácter familiar de Lázaro: en el hogar somos unas cincuenta personas, pero todos nos conocemos y convivimos entre los distintos pisos.
Esta experiencia me sacó completamente de mi zona de confort. Me di cuenta de que el sufrimiento está muy cerca: aquí lo vive directamente la persona que duerme en la habitación de al lado. Una experiencia así te enseña muchísimo sobre las relaciones humanas. Lo primero que aprendí fue a mostrarme tal cual soy, con mis dificultades: tanto si eres un joven profesional como si vienes de la calle, todos llegamos con nuestras cargas y no podemos fingir ser alguien distinto. Lázaro es justamente el lugar donde uno puede expresarlo.
Aprendí a pedir perdón, a escuchar.
Recuerdo a una de mis compañeras llorando en mis brazos mientras nos pedíamos perdón mutuamente. Aquí uno está obligado a pasar por la casilla del perdón: hay que avanzar, no se puede hacer como si nada hubiera pasado.
Creo que ese es un poco el secreto de las relaciones: ser sincero, aprender a comunicarte con los demás.
También me di cuenta de que había un montón de cosas superfluas que me ataban, que muchas veces nos complicamos la vida con un exceso de actividades, cuando lo esencial a veces está en compartir una buena comida. Mi recuerdo más fuerte en Lázaro fue cuando el verano pasado me fui a casa de mis abuelos con dos compañeros. En ese momento comprendí hasta qué punto esta experiencia se había arraigado en mi vida: no era solo un paréntesis. Son lazos que voy a conservar mucho más allá de mi paso por Lázaro.
Una frase que me marcó fue la de mi compañera Josiane, que me dijo: «te tengo mucha estima». Es una frase muy pequeña, pero lo cambia todo, y siempre llega en el momento en que más lo necesitas. Todos necesitamos sentirnos queridos. Mis compañeros me van a hacer mucha falta cuando me vaya. Vivir en Lázaro es, de lejos, la mejor decisión que he tomado en mi vida.